Taller de Poesía Gratuito en Chihuahua: Almas Viejas Editorial en la Biblioteca Carlos Montemayor

Hay una diferencia entre creer en algo y demostrarlo. Almas Viejas Editorial lleva desde su fundación repitiendo lo mismo: todos somos poetas, pero no todos quieren escribir. Es el lema, sí. Pero también es una hipótesis. Y en mayo de 2026, con ocho sesiones distribuidas en cuatro fines de semana, esa hipótesis se puso a prueba en una biblioteca pública de Chihuahua.

El resultado fue claro: la hipótesis era correcta.

Cómo nació el taller

El Taller de Poesía de Almas Viejas se realizó en colaboración con la Biblioteca Pública Central «Carlos Montemayor» y con el apoyo del programa Eká 2025 de la Secretaría de Cultura del Estado de Chihuahua. Fue parte de la retribución social del proyecto Raíces: testimonios del desierto, financiado por el programa Eká 2026. Entrada libre. Dirigido al público en general. Sin requisitos de experiencia previa — al contrario: estaba diseñado específicamente para personas que nunca habían escrito poesía.

La premisa era simple y también era una apuesta: cada persona trae consigo una experiencia que merece ser escrita, y la poesía es la forma más honesta de hacerlo. No hacía falta haber leído a Neruda ni saber qué es un endecasílabo. Hacía falta tener algo que decir. Y eso, todo el mundo lo tiene.

Las sesiones

El taller constó de 8 sesiones de 4 horas cada una — 32 horas de trabajo creativo en total — todos los viernes y sábados del mes de mayo, de 10:00 a 14:00 horas, en la Biblioteca Pública Central Carlos Montemayor. Cada sesión combinaba teoría, escritura en silencio y lectura grupal. La estructura no era la de un taller académico donde el maestro explica y los alumnos escuchan: era un espacio de descubrimiento compartido, donde el texto que cada participante producía era el centro de la conversación.

Lo impartió Sergio F. Mendoza (Poeta Hambriento), director general de Almas Viejas Editorial.

Lo que pasó adentro

Se formó un grupo de WhatsApp de 12 personas. La dinámica era abierta — quien pudiera venir, venía, sin presión ni registro obligatorio — pero quienes llegaron una vez volvieron. Eso dice más que cualquier número de asistencia.

Lo que Sergio F. Mendoza encontró en esas sesiones fue algo que ya sospechaba pero que ver en persona tiene otro peso: talento sin dirección. Personas de todas las edades que cargaban con experiencias, imágenes, emociones y formas de ver el mundo que ya eran poesía — solo les faltaba el primer paso para encontrar su propia voz. El taller fue ese primer paso.

Hubo participantes que llegaron convencidos de que no sabían escribir y que al tercer sábado ya tenían textos que sorprendían al grupo entero. Hubo quienes llegaron con miedo a leer en voz alta y que al final del taller leían con una naturalidad que no se enseña — se descubre. Eso es lo que ocurre cuando alguien encuentra el lenguaje que le corresponde.

Al terminar, cada participante contaba con un cuadernillo personal de poemas propios. No poemas corregidos por el instructor ni ajustados a ningún molde: poemas suyos, con su voz, escritos desde cero en esas 32 horas.

Lo que confirmó

El lema de Almas Viejas Editorial no es marketing. Es una convicción que nació de años de leer los textos que llegan al certamen — poemas escritos por personas que nunca se habían llamado poetas pero que escribían con una honestidad que muchos autores publicados han perdido. El taller de mayo de 2026 lo confirmó en tiempo real, sesión por sesión, texto por texto: la poesía no es un privilegio de los que estudian letras ni de los que ya tienen obra publicada. Es una capacidad humana. Y lo único que hace falta para activarla, la mayoría de las veces, es que alguien te diga que puedes.

Almas Viejas existe para ser ese alguien.